Sábado a la noche. Cena en el restaurante. Me gusta mirar. Las familias manducan mientras los niños corren.Y cómo gritan los pibitos. Pero un tipo se acerca gritando más fuerte. Es una atracción ese pelado cuarentón. Le grita al mozo: Traeme el vuelto que me voy! Te voy a romper la jeta a trompadas! Me has atendido como el orto toda la noche! Hasta ahí lo que se vio. El resto corre por mi cuenta. Yo enseguida me hago la película
El pelado vuelve a su mesa, donde lo espera una niña de cinco años, calladita y coqueta. Yo cuento los platos y veo dos. Solo dos. Y la madre me pregunto? Entonces armo lo siguiente: como dije, es sábado a la noche y al tipo le toca cuidar a su hija. Un matrimonio recién separado. El tipo sufre y a la primera se transforma en energúmeno. Está muy ofendido. No perdona ni se sabe perdonar. La hija es la recordación del error.

Esto es algo que yo imagino, ya te dije que enseguida me hago la película, pero te podría apostar un buen vino, a que la explicación anda cerca. Que capacidad de multiplicación tiene el sufrimiento. Cómo el dolor crea dolor! (Q)
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